Farmacéuticos de oficina de farmacia

Tengo la sensación de que el colectivo de profesionales de oficina de farmacia, del que soy miembro desde hace más de cuarenta años, pues aunque tengo 64 años llevo tras el mostrador de la botica, palabra entrañable que no debemos perder, desde los inicios de la carrera universitaria (nada fácil según reconocen en en los ámbitos universitarios), desde el principio de la carrera ya estaba en la farmacia de mi padre hasta la actualidad en la que tengo a mi hija , farmacéutica de cuarta generación. Como decía y para no irme del tema a tratar, somos la primera línea de relación entre los ciudadanos y el sistema sanitario, bastante bueno pero mejorable. Todavía me sigue produciendo respeto hablar al otro lado del mostrador de los principios activos más idóneos para tratar los trastornos de la salud. En mi infancia recuerdo que era mi padre, respetado en todo en el barrio al igual que los farmacéuticos de los alrededores, al que acudían las madres para que les diera el específico adecuado para cualquier sintomatología ó afección leve,siempre con la reiteración por parte de la farmacia de acudir al galeno en el caso de no haber mejoría al cabo de dos o tres días. Afortunadamente, en un elevado porcentaje el remedio prescrito surtía efecto, por lo que no era necesaria la consulta al médico. Tengo varias clientes que todavía me dicen: el dinero que me he dejado en esta farmacia, pero lo que me ahorrado en las consultas de los médicos.

Ha pasado el tiempo, y llevando la contraria al ilustre divulgador Eduardo Punset, recientemente fallecido, he de decir que no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor, máxima de la que era ferviente partidario. Muy discutibles normativas han reducido a cualificados, formados y sensatos profesionales a meros dispensadores de fármacos, en muchos casos auxiliados por sistemas robóticos de farmacias. El papel prescriptor y siempre útil del farmacéutico ha quedado en desuso y tal parece que para obtener unas simples pastillas de regaliz hay que acudir al centro de salud del ambulatorio con la consiguiente masificación y colapso que ello supone cuando no se trata de medicamentos absolutamente necesarios (el paracetamol, último episodio).

O confíamos en el colectivo profesional de farmacéuticos de oficina de farmacia o vamos al colapso total de los servicios de salud, con el desperdicio de nuestro talento , lo cual en absoluto podemos permitir. Y volviendo al tema anterior, resulta que fármacos habituales y en todos los botiquines como el ibuprofeno 600 mg y paracetamol 1g, con la restrictiva ley de garantías y uso racional del medicamento, indica que se dispensarán únicamente cuando se requieran, fármacos con receta médica, y ello incluye al omeprazol y antihistamínicos, por poner un ejemplo.

La entrada en vigor del Sistema Español de Verificación de Medicamentos (Sevem) implica que cuando al paciente le afecte la alergia de todos los años, el farmacéutico de toda la vida no podrá ofrecerle los comprimidos con los que contrarestan sus efectos. Nos anulan nuestra capacidad prescriptora, y los burócratas encantados. Que no haya confusión, no estamos defendiendo la automedicación irresponsable, sino la dispensación responsable de ciertos medicamentos. Un poco de mesura: se pueden comprar comprimidos de paracetamol de 500 mg y tomar dos juntos. Y eso sin hablar de internet, con casi todo el vademecum en tu puerta.

Valentín Puertas. Farmacéutico comunitario y formulista, vocal de LaSEMI.

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